lunes, 2 de febrero de 2026

CARLOTA VI: Sissy en Oriente Medio

 

Exposicion de las esclavas sissys

En Dubai, en un amplio salón y en una especie de vitrinas, fuimos expuestas todas para ser exhibidas a los posibles clientes.

Posteriormente comenzó el verdadero espectáculo. Tras retocar nuestro maquillaje y nuestras escasas ropas, fuimos llevadas a aquel amplísimo salón, el cual estaba lleno de muchos hombres y alguna que otra mujer. Algunos de estos hombres han venido para encontrar novia mariquita y otros son mayoristas que vienen a comprar mariquitas, para llevarlas a otros países musulmanes de Asia y África. Lo que supone que alguna de aquellas chicas sissy pudieran terminar en cualquier lugar, desde Pakistán hasta Nigeria.

Los compradores examinan las esclavas en venta.

El procedimiento es la venta por subasta. El que dirige la subasta, va diciendo el nombre de la chica y esta se adelanta y tras decir cada chica, su nombre y su edad, comienza la licitación entre los asistentes, adjudicándose la chica al que más dinero ofrezca por ella.

La licitación es rápida, compulsiva y escandalosa, y tras ser adjudicada la mariquita, es inmediatamente entregada al dueño que la ha comprado. Para muchos mariquitas, esta es la última vez que exhibe su rostro desnudo en público ya que, a partir de entonces, comienza su modesta vida matrimonial musulmana.

Está siendo subastada una esclava y las otras esperan su turno.

Particularmente a mi y a otras cuatro chicas, nos compró un mayorista turco, que desde Dubái nos hizo volar a Ankara. Este individuo principalmente tenía clientas femeninas, ya que las mujeres en Turquía tienen una mayor libertad, más acorde con los países occidentales.

Examinanado la calidad de la esclava en venta.

Estas señoras compraban maricas feminizados, para dedicarlas a actividades muy variadas, pues podían utilizarlas para trabajar como empleadas domésticas, como sirvientas de una dama, servir como sirvienta sexual al esposo de la dama o ser utilizadas como tales por la dama misma.

Algunos mayoristas, venden las mariquitas feminizadas a pequeños comerciantes que a su vez las hacen llegar a manos de hombres casamenteros que desean tener en su harem una mujer mariquita. Esta forma de vender al por menor mariquitas extranjeras, atractivas y complacientes, ha traído como consecuencia la apertura de nuevos mercados, poniendo estas mujeres al alcance de un mayor numero de hombres, lo que ha hecho que se incremente la demanda.

Examinando la calidad de la esclava a comprar

Las tiendas donde aparecen ofrecidas novias mariquitas han proliferado de manera inusitada, lo que ha contribuido a normalizar y desestigmatizar el papel de estas novias afeminadas, siendo además en dichos lugares, donde se pueden adquirir las ropas de mujer y equipos de enseres especializados en moderación y disciplina, para facilitar la transición de las novias adquiridas a la plácida vida hogareña del serrallo.

Yo particularmente, también acabe en una de esas tiendas, donde estando siendo exhibida en uno de sus escaparates, desperté el interés de una joven mujer, que se acercó a mí y sobándome todo mi cuerpo, incluso mis culito y mi clítoris, para comprobar que no era una mujer biológica, ya que al tratarse de una mariquita como yo, al asumir un papel ambiguo de cara a la legislación y la costumbre, puedo por tanto, ser desposada tanto por un hombre, como por una mujer, no incurriéndose de esta manera en delito de homosexualidad, puesto que una mujer mariquita, no es ni una cosa ni la otra.

El nuevo amo examina la esclava que va a comprar.

Aquella mujer llamada Amina, me llevo con ella a su casa, una vez pago por mi el precio estipulado. Seguidamente me hizo su esposa convirtiéndome oficialmente en su “khadim”, al no figurar yo como hombre, se tuvo que buscar una solución, por lo que en los documentos pertinentes fui mencionada como sirviente, por lo que, pese a que me desposaron con ella, no tenía ningún tipo de derechos. En realidad, me había convertido en un esclavo sexual por matrimonio.

También señoras van al mercado a comprar su esclava.

Amira me trataba muy bien, se comportaba muy bien conmigo, tratando de convencerme de que mi nueva vida como esposa mariquita musulmana, era un regalo que me había ofrecido la vida, por obra de Allah.

Una ama examina las esclavas en venta.

Me ordeno que leyera el Corán, cuando no estuviera prestándole servicio, puesto que me haría preguntas a modo de examen, que debería responder de forma correcta, puesto que de otra forma, podría llegar a ser repudiada.

Fui registrada como marica por varias autoridades, constando en todos los documentos, además, el nombre y los datos de contacto de mi esposa, quien me poseía como marica.

Amira, además pertenecía a su esposo quien la utilizaba cuando a él le venía en gana, puesto que tenía cinco esposas en su harem.

En el harem esclavas atienden a su amo.

Madani, que así se llamaba el esposo de Amira, indistintamente usaba a sus esposas, como también a las esclavas que les servían, entre las que me encontraba yo. Todas las mujeres de aquel serrallo, nos estábamos continuamente a disposición de los caprichos de Madani.

Mi comportamiento debía ser exquisito, ya que, si no estaban conformes mis amos con mí comportamiento, podrían repudiarme, iniciándose una especie de divorcio, que traía consigo, mi devolución al mercader que me vendió en su día, para que pudiera volver a ofrecerme en venta nuevamente, o a veces, cuando tu ama o amo deseaba castigarte, por ser calificada como mala mujer, te vendían a burdeles de la ciudad, para prestar servicios como maquitas en los mismos.

Esclavas siendo usadas por su amo.

Tras haber descrito como un marica puede convertirse en mujer musulmana y servir a cualquier musulmán, cuestión ésta que está muy demandada en la actualidad, principalmente porque somos muchas las jóvenes mariquitas que deseamos enloquecidamente, ser amada y pertenecer sexualmente a buen macho alfa musulmán, para así vivir las anheladas costumbres islamitas, dejo por concluido este trabajo, sin perjuicio de seguir relatando mi vida como sirvienta musulmana.

Carlota sirviendo al amo que la ha comprado.



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