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| Esclavas esperando para ser vendidas. |
Al llegar a Kenitra, estaba esperándome Sabira, instructora
del Centro se sissificación donde iba destinada a fin de adquirir conocimientos
superiores, para convertirme en una verdadera mujer musulmana.
Una vez llegué a la escuela, firmé diferentes documentos
por los que renunciaba totalmente a mi identidad anterior, solicitando
convertirme en una mujer musulmana con todos los derechos y obligaciones.
Me fotografiaron la cara una vez maquillada, para al
poco tiempo otorgarme tarjeta de identificación de Emiratos Árabes, en la que
se hacía constar que mi nombre de mujer es Naila, que significa la de los ojos
grandes, mi sexo ex hombre, nacionalidad apátrida ex europeo, que mi
consideración legal es la de los bienes muebles sin salida permitida, debiendo
ser detenida por la policía de no ir acompañada por un hombre, apareciendo en
dicho documento como nombre de mi marido, dueño o protector el de Assim
Jafari, director del centro de adiestramiento.
De esta forma, las sissys quedaban registradas y legalizadas a todos
los efectos con su nueva identidad mariquita, entendiendo y respetando todas
las autoridades la existencia de la tradición de la esposa o mujer masculina
feminizada. Mi antigua identidad masculina se había borrado por
completo. Ni siquiera las investigaciones más exhaustivas, conducirían a
un resultado positivo de averiguar que antes había sido un chico.

El subastador quita el velo de la esclava que va a ser subastada.
Enseguida fui tatuada y marcada para que se supiera mi procedencia,
osea la escuela donde había sido instruida, me colocaron un microchip para
estar controlada constantemente, me pusieron una diminuta jaula metálica de
castidad, siendo sometida a un proceso de depilación láser intensivo y de
aplicación de hormonas feminizantes de efecto precoz, que enseguida comenzó a dar
resultados, al ir mezcladas con fuertes dosis de bloqueadores de testosterona.
Las institutrices de la escuela, mujeres maduras feminizadas experimentadas,
devotas y honradas, comenzaron instruirnos incesantemente en las labores
domesticas y religiosas que toda mujer musulmana debe cumplir de manera
escrupulosa, para no ser castigada o repudiada por su marido o por su señor.

Mostando el rostro de la esclava y anunciando su nombre y cualidades antes de ser subastada.
La disciplina era estricta para que nuestra preparación estuviera a la
altura de los altos estándares de obediencia y servicio que de nosotras esperan
los hombres, y para alcanzar los objetivos, en el menor espacio de tiempo
posible, puesto que la estancia de las mariquitas en aquel centro era costosa. Incluso
los errores más pequeños que tuvieras, eran castigados severamente a la vista
del resto de las educandas de la escuela, propinando a la castigada, por
ejemplo, treinta golpes de paleta de castigo en sus nalgas.

Esclava siendo maquillada en el harem antes de ser usada por el amo que la ha comprado.
La formación sexual, abarcaba la mayoría de las tendencias sexuales
existentes. La mariquita era ejercitada en practicas heterosexuales,
homosexuales, bisexuales, pansexuales, zoofilia, BDSM (disciplina, dominación, sumisión, sadismo, masoquismo,
cuerdas, esposas, látigos, paletas,
plumas, plugs, vibradores, scat, collares, lluvias
blanca y dorada, etc…).
En la parte final del curso de capacitación, la educación fue
individualizándose para atender los gustos e ideas de los diferentes clientes
que vienen a buscar una mariquita, ya que los hay quienes esperan principalmente
satisfacción sexual, otros simplemente una buena criada y las señoras, una especie
de criada que la ayude a vestirse, bañarse o peinarse.

Esclava bailando para el amo que la ha comprado en el harem.
La "virginidad" del coño marica era muy considerada y por
tanto se preservaba. Yo solo fui cogida una vez en España y prácticamente era
virgen, por lo que, mi valor aún era estimado. El entrenamiento se centraba
principalmente en aprender a satisfacer oralmente al marido y mujer para evitar
contratiempos en la noche de bodas o la primera vez que fuera la mariquita
requerida sexualmente.
Superada la formación y estando preparadas para afrontar nuestra vida
como mujeres musulmanas, éramos trasladadas a Dubái para ser ofrecidas a los
hombres y mujeres que desearan tener una sissy a su disposición.

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