martes, 20 de enero de 2026

CARLOTA IV: DIA DE PUERTAS ABIERTAS Y PRUEBA DE LA ESCLAVA

 

Los días de puertas abiertas, desde la mañana comenzábamos las doce sissy´s del curso a preparar nuestros cuerpos para estar bellas y limpias, por dentro y por fuera. Enseguida comenzaban a llegar guapísimos hombres, la mayoría árabes, que venían a estar con nosotras, a usarnos a placer y a discreción. Y lo más importante, a determinar mediante su puntuación el nivel de capacidad que habíamos adquirido a lo largo del curso.




Terminadas de acicalarnos, nos iban exponiendo en una especie de vitrina, donde éramos exhibidas como si fuéramos mercancía. A nuestros pies había un cartelito, en el que aparecía reflejado nuestro nombre, edad y el precio que costaba usarnos, a pagar por quienes quisieran estar con cada una de nosotras.

Miradas y remiradas de aquellos ojos lascivos de los hombres que habían llegado hasta allí, para disfrutar con alguna de las sissy´s de la academia. Estos se iban decidiendo e iban escogiendo a la sissy que más le agradaba y tras pagar la cantidad convenida, se iban con ella a las dependencias adjudicadas. A mí me compró Ahmad un argelino guapísimo, con ojos claros, cuerpo escultural y modales educados, que nada mas comenzar a tratar con él me encandiló.

Cogida del cuello por una correa a la que fui atada, anduve tras de él, hasta llegar a la suite que nos había correspondido, para servirle y complacerlo.

Nada más llegar, Ahmad me ordeno que bailara ante él, como lo hacen las odaliscas de los harenes y enseguida, al son de la música árabe de ambiente, comencé a mover mis caderas y a balancear mis brazos al ritmo de aquella sintonía, como había aprendido a hacerlo en la clase de danza árabe de la escuela.

Tras un rato, me ordenó que me despojara de la vestimenta que llevaba puesta y que me quedara solo, con el tanga, las medias al muslo y los zapatos de tacón. Solicitándome que le sirviera seguidamente un refresco de frutas trituradas, bebida que enseguida comencé a elaborar y sin tardar, serví al amo que me había alquilado.

Me hizo recostar sobre su regazo, reclinado sobre un sofá árabe casi a ras de suelo. Teniéndome así, mientras bebía a pequeños sorbos la bebida que le había preparado, con sus manos sobaba todo mi cuerpo, pellizcándome insistentemente mis dos pezones, acariciando y manoseando con ansia mi diminuta picha, aprisionada en una jaula metálica de castidad, y sobre todo, me toqueteaba y hurgaba en mi culito, centrando su manoseo esencialmente en el agujero de mi coño, el cual, acariciaba y rozaba suavemente con sus dedos, haciendo que cuando notaba su roce, me estremeciera de gusto como una cerda.

Teniéndome muy caliente por el manoseo al que me sometía, al verme salivar y notar las contracciones de mi chochete, me conminó a que abriera mi boca y admitiera en ella su lindo e inmenso pollón, el cual hasta este momento en que se lo sacó, no había visto, pero lo intuía.

Al ver aquel descomunal falo, me abalancé sobre él como una loba, comenzando a relamerlo y mamarlo con ímpetu y avaricia. Ahmad, cerraba los ojos cuando notaba como con mi lengua y labios succionaban y presionaban su rabo gigantesco, que iba aumentando proporcionalmente de tamaño, a medida que yo con mi boca le iba aplicando más fricción. Mi dueño, intentaba meter dos dedos en mi duro coñito, pero no lograba conseguirlo puesto que era tan nueva, que lo tenía prácticamente virgen.


Ahmad había reparado que, a la entrada puestos sobre un estante, había un buen número de plug anales, por lo que con la poca ropa que tenía puesta en esos momentos, me ordenó que fuera y trajera uno grueso que había visto, con una cola de zorra. Fui y previo permiso de mi instructora Sandra, lo cogí y me presenté con él en la habitación donde mi amo aguardaba.

Nada más entrar, me ordeno Ahmad que me pusiera en la postura de la perrita y apartándome a un lado el hilo del tanga, comenzó a escupir sobre el agujero de mi coño, lamiéndolo de vez en cuando, lo que me proporcionaba un gusto y una relajación exagerada al sentir el lametón.

Inesperadamente, cuando él creyó conveniente, comenzó a presionar fuerte sobre el agujero de mi chocho con aquel tapón anal y aun cuando yo me quejaba, por el daño que estaba recibiendo, insistió impaciente hasta que logró introducírmelo por la fuerza en el coño, pese a su extraordinario tamaño, notando como colgaba de él, sobre mis nalgas, una suave cola de pelo de zorra que se balanceaba cuando me movía, así como al moverme sentía una satisfacción extraordinaria, al percibir el rozamiento de aquel juguete sexual, sobre las paredes de mi coño.

Tras ello, volvió a meter su vergón en mi boca y dijo:

-Anda puta ordéñame con tu boca de zorra…

Volví a lamer y relamer aquel lindo vergajo, hasta que sus gruesas venas alcanzaron un grosor tan importante, que creí que alguna iba a reventar. Ahmad, cuando notaba el placer que le daba con mi lengua y garganta, con unas de sus manos presionaba sobre


el plug con cola de zorra que, llevaba incrustado en mi coño marica, haciendo que exclamara un grave suspiro de gozo y que mi vello se erizara. De esta forma, cuando alcanzó el clímax sexual provocado por la mamada que yo le estaba proporcionando, comenzó a soltar su esencia lechosa en tan gran cantidad que colmo plenamente toda mi boca, derramándose también sobre mi ojo derecho. Haciéndome tragar toda aquella leche, lo que le complació enormemente y terminado de limpiarle su polla, me dijo:

-Ahora deseo comer…, tú ¿sabrías cocinarme un couscous con verduras y pollo?

-Sí mi amo…, entre las recetas que me han enseñado en esta escuela en la clase de cocina árabe, aprendí a cocinar ese plato y esta sissy esclava humildemente tendrá el gusto de cocinarlo para usted. -conteste sumisamente y enseguida puse rumbo a la cocina, notando como el rabo de zorra que llevaba puesto, me hacía gozar cuando andaba con él dentro, para cocinar para el amo que aquel día me había alquilado.

Me dispuse a servir el couscous a Ahmad, el que al degustarlo me felicitó por lo bien que lo había hecho y como premio me dijo:

-Enhorabuena puta, cocinas estupendamente y esto es algo que debe saber hacer toda mujer para agradar a su hombre, no te lo dije antes…, también eres una buena mamona, puesto que me has dado un gustazo indescriptible, cuando me has comido mi pera. Ahora te voy a hacer mía, te voy a dar polla como se merece una perrita como tú, ven acércate a mi …

Volví a recostarme sobre aquel sofá árabe casi a ras de suelo y Ahmad, comenzó a lamer mis pezones y a darles bocaditos, que hacían que yo diera grandes lamentos de placer, cada vez que con sus dientes me pellizcaba mis tetillas y las lamia, provocando una erección total del pezón.

Así me tuvo todo el rato que él quiso, dándome fuertes nalgadas en mis glúteos,


poniéndolos muy calientes. Además de vez en cuando, cogía mi cola de zorrón que llevaba inserta en el agujero de mi coño con un plug y la manoseaba, introduciéndolo con mucha presión, para que notara como la violenta invasión presionaba mis entrañas y provocaba un gozo prostático, que me volvía loca de satisfacción.

De forma súbita Ahmad dio un fuerte tirón de mi colita de zorra y violentamente sacó de mi coño el grueso plug que tenía introducido, desde por la mañana. Untándome lubricante e inspeccionando con tres dedos el agujero que había abierto el juguete sexual, dijo:

-Así sí…, has dilatado casi tres centímetros, así si voy a poder introducirte mi polla en tu coño de marica casi virgen…, esta mañana creí que no iba a poder, que te ropería tu lindo coñito y te desgarraría…, venga acuéstate sobre el sofá bocarriba que te voy a reventar puta…


Hice lo que me había ordenado Admad, abriéndome de piernas y dejándolas flexionadas sobre las rodillas. El moro se colocó entre ambas piernas de rodillas, cogiendo las mías y subiéndolas a sus hombros. Así quedo mi coño a su entero placer. Despacito, muy despacito, empezó a querer introducir su vergajo por mi agujerito, que tenía a su entera disposición. Movía su pelvis para hacer el movimiento de penetración, aunque con una presión casi inapreciable. Yo notaba el rozamiento de su glande con mi esfínter y me volvía todo un volcán, al intuir que enseguida aquel vergón lo iba a disfrutar dentro de mi coño.

Una vez que la cabeza de aquella verga, no había hecho nada mas que traspasar el agujerito de mi chochete, Ahmad derroto con fuerza invadiendo mi interior y continúo metiendo verga hasta llegar a lo más hondo. Así estuvo metiendo y sacando su nabo unos instantes, sin tener en cuenta los gritos que yo daba, al notar que su vergajo me rompía mis carnes por dentro.

Cuando se harto de follarme, alcanzo su éxtasis y derramo una porción considerable de leche sobre mi vientre, puesto que cuando notó que se corría, sacó su verga al exterior y empezó a escupir.

Tras bañarse, para lo que me uso como esclava, se vistió y se marchó, no sin antes dejar depositada en una urna, la calificación que me otorgaba por los servicios que le había prestado.

Sandra, la institutriz encargada de mi aprendizaje, tan pronto se marcho Ahmad se apresuró a ver el papel con la puntuación, comunicándome que me había otorgado un diez.

Además me dijo, que mi trabajo en la escuela de sissy´s había sido muy bien
aprovechado, que ostentaba todas las cualidades para convertirme en una mujer deseada por algún importante hombre musulmán y que no debía de desaprovechar la ocasión, para ir a Kenitra a seguir perfeccionando mis conocimientos, en una escuela superior.

Como me gustaba la forma de vida que llevaba y estaba ilusionada en ser una mujer musulmana, amante o esposa de un hombre de dicha sociedad, y habiendo perdido la relación totalmente con mi familia, no tarde mucho en tomar la decisión de continuar con mi aprendizaje y tras firmar documentos donde renunciaba a mi identidad anterior, me decidí a viajar al país marroquí y dejar mi futuro en manos de aquel centro de enseñanza.

(continuará)

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