viernes, 6 de diciembre de 2024

LA SUBASTA: LA PRIMERA VEZ QUE FUI SUBASTADA.

 

 La primera vez que participas en una subasta como esclava, es algo que nunca olvidas. Aconsejo a las chicas que estén interesadas a que tan pronto se enteren de alguna, participen en ellas. Es difícil enterarse, porque suelen organizarse en círculos muy cerrados, pero haberlas ahílas y casi todas las semanas hay alguna.

Ninguna de las subastas a las que he asistido ha sido igual, todas fueron diferentes porque cada una se atiene a las normas que hayan establecido los amos organizadores de la subasta, atendiendo a las esclavas a subastar, quienes son los compradores, sí existe o no, mucha demanda en el momento de llevar a cabo la misma, etc.

A la subasta, la esclava que asiste para ser subastada, siempre es mayor de edad y va libremente sin ninguna coacción, aunque parezca una paradoja, lo que echa por tierra los cuentos que existen entorno de tráfico humano, prostitución, etc.

La esclava va libremente y sabe a lo que va, porque con antelación tiene que saber las reglas de la subasta, y va porque le gusta ser tratada con disciplina y ser humillada durante el proceso de compra-venta y los momentos previos y posteriores, ya que su ideal es considerarse y sentirse una cosa, ser y sentirse esclava.

La subasta de esclavas, es algo que atrae tanto a posibles amos compradores, como a las esclavas que son ofrecidas en subasta, siendo algo que siempre existió, en unas épocas más y en otras menos, pero siempre existió desde antes de la antigua Roma, hasta nuestros días.

Hoy se suele practicar estas subastas, en clubes o círculos privados muy cerrados, por no estar muy bien visto por el resto de la sociedad, a la que se le ha vendido este producto de forma estigmatizada, por un grupo dirigente que intenta imponer sus valores morales.

El dinero que se paga por la esclava subastada, la mayor parte va a parar a manos de la esclava, si va sola a la subasta; o a manos del amo o protector que la hubiere presentado a la organización y llevado al acto de la subasta, debiendo justificar que es su amo con carácter previo a que empiece la misma.

El objeto de la subasta es comprobar cuál es el valor que se le concede a cada esclava subastada, por parte de los compradores que pujan por ella y para valorar la competencia que surge, entre unos compradores y otros interesados en adquirir a la esclava, así como, cuando se trata de vendedores asiduos, la calidad de la mercancía que presenta a la subasta. Y por supuesto, pasárselo bien todo el mundo, sobre todo durante el tiempo que se haya convenido, que la esclava permanezca bajo la tutela del amo que la adquiera en subasta.

A la subasta llega la esclava porque la lleva su amo o su dominante, quien tiene relación con este tipo de eventos y se entera de la fecha y el lugar donde se celebra la subasta.

En ocasiones, es la propia esclava la que se entera de la subasta y va ella sola por propia iniciativa o se acompaña de alguna neófita amiga, para que se inicie en ser subastada también.

Yo fui llevada la primera vez por mi amo Armando y he de decir que ser subastada, te da una sensación de disfrutar de esa subasta y te pone la adrenalina a mil.

Una esclava para ser subastada no requiere ningún requisito específico, aunque en algunas subastas sus organizadores, exigen una selección rigurosa de la esclava a subastar, atendiendo al físico y la capacidad de aguante de la esclava. Existiendo también subastas, donde el aspecto físico no se tiene muy en cuenta.

El precio de salida para cada una de las esclavas lo pone la organización, teniendo en cuenta de si se trata de una esclava joven, o más madurita. A veces el precio de salida es cero y en otras ocasiones, se fija de antemano por la organización, a todas las esclavas o a cada una, el que le pudiera corresponder dependiendo de su aspecto físico.

La esclava para ser subastada ha de ser expuesta a la vista de todos los postores, ocupando el sitio más apropiado para ser vista por todos. Será el presentador quien, en voz alta, diga las características de cada una de las esclavas a subastar, antes del inicio de la subasta. Indicando, además, en su caso, el precio de salida que tiene la esclava, o si por el contrario, su precio de salida es cero.

En ocasiones y antes de la subasta, existen lugares donde tienen por costumbre exponer al público en un salón a parte de la sala de subasta, las esclavas que van a ser objeto de transacción, para que los posibles compradores, las puedan ver, examinar y comprobar incluso tocándolas, la calidad de cada una.

Lo normal, es que el presentador a medida que vayan surgiendo las pujas y para que continúen pujando más y por cantidades más altas, haga que la esclava pasee de un lado a otro de la tarima o escenario donde se encuentre, e ira describiendo las cualidades de la esclava, mostrándola en movimientos o posturas que llamen la atención de los posibles compradores, haciendo alusión a su calidad y su belleza.

Sentirse subastada es una absoluta sorpresa y sentir un morbo indescriptible, puesto que nunca sabes cuales van a ser las experiencias que te van a pedir que hagas, ni quien te va a adquirir convirtiéndose en tu nuevo amo o ama, por lo tanto, el morbo y la adrenalina de la incertidumbre, te llena todo tu cuerpo y te hace sentir estupendamente, al estar haciendo una cosa que querías hacer y que te gusta.

Actualmente las subastas que se organizan, son subastas para un determinado periodo de tiempo, como por ejemplo un fin de semana, una semana, quince días, o sucesivamente, por el tiempo que previamente se haya estipulado. La esclava, una vez cumplido el periodo por el que fue vendida, vuelve de nuevo a su vida habitual, sí acudió por su propia voluntad, o a depender del amo que la llevó a la subasta, si ya previamente era propiedad de aquel.

La esclava puede arrepentirse en todo momento y abandonar la subasta, incluso después de haber sido adjudicada, lo que ocurre, es que bien su amo o ella, si fue por propia voluntad, tendrán que hacer frente a la penalización económica establecida y si fue con amo, la esclava pudiera ser recriminada o castigada por su amo natural, si éste no está conforme con el arrepentimiento.

Desde que era muy pequeña, me gustaba vestir prendas de mujer y me travestía delante de un espejo, ante el que escenificaba varias fantasías, siendo una de ellas, la de ser vendida en subasta, imitando lo que veía en películas de ambiente árabe o de la Roma antigua en mi niñez, donde las chicas eran vendidas al mejor postor en mercados de esclavas.

Una vez cumplí la mayoría de edad y sabiendo el chico con el que vivía cual era una de mis fantasías, puesto que se lo había referido yo, éste contactó con un club de BDSM de Málaga, donde organizaban este tipo de eventos, al menos, una vez al mes y me llevó un día, para hacer cumplir mi fantasía.

Una vez allí, tuve que identificarme y aportar fotocopia del documento correspondiente, así como me hicieron firmar unos documentos, donde yo solicitaba de forma voluntaria, participar en la cuerda de esclavas que iban a ser subastadas aquel día y que, debería pasar a ser propiedad del dueño que hiciera la mejor puja por mí, durante todo el sábado y hasta medio día del domingo, en que volvería a ser libre y podría continuar con mi vida normal.

Llegado el momento, comenzaron a preparar a quienes íbamos a ser vendid@s, distinguiendo tres categorías: mujeres, hombres y travestis, entre las que me encontraba yo. Fuimos bañad@s, perfumad@s y nos arreglaron el pelo, así como las chicas fuimos maquilladas.

Entre nosotras hablábamos bajito, pero casi todas sentíamos curiosidad e incertidumbre, deseosas de vivir aquella inquietante y deseada situación.

Primero vendieron a los 5 chicos como esclavos y posteriormente comenzaron con nosotras. Éramos doce las chicas a vender, 8 mujeres biológicas y 4 travestis. Nos vistieron con túnicas cortitas transparentes de diferente color para diferenciar unas de otras, y con un velo a la cara a modo de nicab que resaltaba nuestros ojos estupendamente maquillados, las uñas pintadas de pies y manos, los labios destacando con un rojo intensísimo, la verdad, que éramos doce guapísimas hembras, dispuestas a servir a los amos que nos compraran.

De fondo se escuchaba, el murmullo de aquellos posibles compradores que, entre ellos, departían acerca del producto a subastar.

A golpe de martillo, de pronto se hizo el silencio y se escuchó una fuerte voz del director de la subasta pidiendo silencio e invitando al encargado de introducirnos en la sala de subasta, que entraran las esclavas a subastar.

Tiradas por una cuerda a modo de cabestro, hicimos entrada las doce chicas, todas una detrás de otras, entrelazadas por dicha cuerda a las gargantillas que en el cuello llevábamos puestas.

Entramos a un escenario que había dispuesto en un amplio salón, todas contorneando nuestras caderas de forma insinuante, ayudadas por los altos zapatos de tacón que llevábamos puestos.

El que dirigía la subasta dijo “señores, aquí les traigo las esclavas que hoy ponemos a la venta, se trata de doce lindas chicas, ocho mujeres biológicas y cuatro travestis, que están deseosas de servir a los amos que las compren, en todo lo que les sea requerido”.

Acto seguido comenzó a pronunciar nuestros nombres, debiendo dar un paso adelante y hacer una reverencia, para que los asistentes a la sala supieran de la esclava que se trataba.

Las primeras en ser vendidas fuimos las cuatro travestis. Me puse cachondísima cuando vi como uno de los amos se acercó a la tarima donde estaba subida la primera chica travesti a vender y comenzó a manosearla, llegando incluso a meterle dos dedos en su boca. Acto seguido pellizcándole sus tetitas, provoco que se le escapara un chillido. Después le dio la vuelta y golpeando con fuertes manotazos sus nalgas comprobó la dureza de las mismas. Me ponía excitadísima, pensar que seguidamente sería yo, la subastada y, por lo tanto, la manoseada.

Tras varias ofertas, Ruth, que así se llamaba la primera chica travesti vendida, fue adjudicada al amo que la había adquirido.

Acto seguido fui desatada de la cuerda y tras unir mi gargantilla a una correa por medio de un mosquetón, el que lo hizo comenzó a tirar de mí, hasta que me vi en el centro de aquel escenario. El director de la subasta dijo: “Esta es Tatiana, tiene 18 años, es muy guapa y femenina, tiene buen cuerpo, tiene linda cabellera que le cae por sus hombros, linda boca, es obediente, sumisa, muy pasiva, le gusta satisfacer a sus amos y estar siempre a sus pies” y dirigiéndose a mí me indicó “date la vuelta esclava”. A lo que obedecí de inmediato y rozando mi culo con la fusta que llevaba, añadió: “Como verán los amos, tiene un buen culo, tragón y muy femenino, propio de cualquier mujer, poseer esta esclava, debe ser un placer. Sus piernas son robustas y bien contorneadas, date la vuelta, que las vean bien los amos, son piernas carnosas y turgentes, que hacen de ella toda una delicia de esclava”.

Uno de los amos en voz alta dijo que ande un poco que la veamos. El subastador me dio con la fusta en mis glúteos y me dijo “esclava obedece”. Comencé a modelar despacio y exagerando el movimiento de mis caderas, así estuve paseando de un lado a otro del escenario, siendo observada por todos los allí presentes, hasta que una señora dijo: “Ven esclava acércate”.

Obedecí de inmediato y me acerqué al borde del escenario. Aquella ama comenzó a palpar mis huevos y a apretarlos fuertemente por encima del tanga que llevaba puesto, notando un gran dolor, que casi me hace gritar, saltándoseme solo un poquito las lágrimas del dolor. Luego dirigiéndose al subastador, le preguntó “cómo anda de polla esta esclava mariquita”, a lo que éste le contestó “compruébelo usted misma”. Tras echarme mano a mi entrepierna y comprobar bien como era mi pene, paso a examinar mi culito, tratando de introducir varios dedos de su mano en mi vagina masculina, provocando que comenzara a sentirme cachonda, diciendo “está dura y bien dilata esta yegua, su culo es el de una hembra de primera, además es guapa, pujare por ella”.

A mí me resulto aquello halagador y tuvo que notarse en mi cara al sentirme reconfortada, valorada y reconocida por lo dicho por aquella ama. Acto seguido el subastador, me dio un fuerte manotazo en el culo, que me supo a caricia, y me dijo “venga esclava vamos a ver cuánto dan los señores por ese culazo que tienes”. Añadiendo una vez llegué al centro del escenario: “comienza la venta de esta ésta esclava” y comenzaron a pujar por mí. A voces iban subiendo las cantidades ofrecidas, que llegaron a alcanzar casi tres veces, la cantidad de salida.

Tras el remate el subastador dijo: “adjudicada la esclava Tatiana al amo de la guayabera verde. Tenga coja el extremo de su correa y haga con ella lo que quiera”.

Mi nuevo amo cogió la correa y tirando de ella me llevo hasta el lugar donde estaba sentado, obligandome ponerma de rrodillas a su lado, permaneciendo así hasta que termino la subasta del resto de chicas.

Relatar lo acontecido en esta primera vez que fui vendida, tras ser subastada, es algo curioso de conocer, para quienes nos gusta la sumisión y la humillación, pero eso en otra ocasión lo trataremos.

Así fue, como fui subastada por primera vez y como llegué a cumplir la fantasía que desde que era una niña, deseaba cumplir. La experiencia, fue algo singular y animo a cumplir a quienes tengan en deseo pasar por ella. De hecho, yo participe en otras subastas, por diferentes sitios de España.




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